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La educación y el triunfo de la trinchera.
Los sistemas más peligrosos son los que siguen funcionando incluso después de haber perdido su sentido. Desear “buenas vibras” para la educación en el año que viene es, en el mejor de los casos, una forma elegante de autoengaño. Una superstición amable. Un placebo moral. Porque no puede fracasar más lo que fracasó hace tiempo. Y fracasó de manera tan profunda, tan vasta y tan sistemática, que hoy solo queda disimular el derrumbe con sonrisas institucionales, retóricas de inno

JorgeAurelioMx
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Rendir culto o hackear el sistema.
Nota: Este texto nace de pensamientos provocados ante la lectura de los artículos de Gabriel Zaid y la réplica de Irma Villalpando, por lo que es conveniente leerlos con antelación. En su artículo Educar sin aulas , Gabriel Zaid vuelve a recordarnos que aprender es una actividad natural, humana y vital, anterior y superior a toda institución. Aprender —dice— es observar, fracasar, conversar, imitar, vivir. Su crítica a la escuela no parte del desprecio, sino de la evidencia:

JorgeAurelioMx
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Lo que no ordenas por fuera termina gritando por dentro.
“No, ni Einstein ni Piaget eran desordenados: eran disciplinados”. —Conversatorio docentes, ApiMx, 2025 . Hay quien cree que el caos es sinónimo de creatividad. Pero hay una línea delgada —muy delgada— entre el caos fértil y el desorden que drena. El primero inspira, el segundo consume. Y cuando el desorden se instala, lo hace con sigilo: roba claridad, energía, tiempo y hasta propósito. No hablamos solo de cosas fuera de lugar, sino de una forma desorganizada de existir, de

JorgeAurelioMx
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